Estar enfermo, Luna Miguel

David Refoyo

Conocí a Luna el viernes pasado y, después de escuchar su voz disciplinada y frágil, compré su libro. Últimamente, prefiero tomar cañas en casa y aprovechar mi poco dinero en la compra de libros. Quiero reunir todos los libros independientes, minúsculos, inacabados, perdidos, que en mi vida anterior no pude adquirir. Y éste, como todos los que publica el sello La Bella Varsovia, cumple los requisitos para llamar mi atención.

Se trata de un libro corto, escueto. Recuerda a la música punk, riffs rápidos, directos, sin alardes extravagantes ni solos que dificulten la comprensión. Luna posee fuerza y ella lo sabe. Es una chica joven, guapa y dice lo que piensa. Cumple tres de los preceptos para ser odiada por esa mitad de España que se dedica a fingir agresiones. Sólo hay que leer sus artículos en Público y las feroces críticas que recibe, precisamente, por los tres adjetivos que he nombrado antes.

Pero Luna es valiente. Acepta el juego. Conoce la cara de sus seguidores y de sus perseguidores. Ha esgrimido la palabra como defensa. Y como ataque. Demuestra el conocimiento de la técnica, de la velocidad, de las lecturas. Es joven, sí, quizá inconsciente, pero se convertirá en una poeta trascendente en no mucho tiempo. Lo tiene todo ahí, latente, sólo necesita ir destapando el tarro, poco a poco.

Me gusta hablar de las ediciones. La Bella Varsovia cuida mucho las ediciones. Son humildes, pero mantienen la esencia de la poesía independiente, la que no aparece en los grandes suplementos culturales ni en los sillones de la Academia. El trabajo y dedicación de Alejandra Vanessa y Elena Medel es absoluto. Con muy poco han levantado una editorial muy interesante. Posiblemente, fundamental en la difusión de poetas jóvenes e inéditos. Alguien tiene que hacer este tipo de apuestas para que el círculo endogámico de la literatura no se colapse en un estado de decrepitud manifiesta.

Dice la contraportada que este libro (o librito, por su tamaño) es un homenaje a Virginia Woolf, pero reclama a Lhasa, Baudelaire o la joven Lolita de Nabokov. Esto lo argumenta Antonio J. Rodríguez que conoce plenamente a Luna y su obra. Y yo apoyo la mayor, sin olvidar a Pizarnik ni a otros muchos autores que sirven de sustento a la cultura popular y democrática de Luna Miguel.

Virginia Woolf se refiere a la enfermedad como un cambio del espíritu en que las luces de la salud se apagan y emergen países aún sin descubrir. Mejor que una droga deviene el catarro. Mejor que una novela, la fiebre. Mejor aún que un poema, la tos y la sangre que limpia el pañuelo. Terminé de leer Estar Enfermo y accedí al Cielo.

(Publicado originalmente en Una ciudad llamada perdición, 10 de marzo de 2010.
Rescatado aquí por cortesía del autor).


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