Lidia Campo

Todos tenemos problemas.

Nos levantamos muy, muy temprano.
Vamos al instituto. A veces llegamos pronto; otras, tarde.
Después llegamos a casa. Comemos. Nos aplicamos más o menos en el estudio. Jugamos, salimos por ahí. Volvemos a casa. A cenar y a dormir.

Pero continuamente nos cae alguna encima. Que si no haces los deberes, que si no recoges tu habitación, que si contestas mal cuando te hablan, que si estás enfadado siempre… Pero, ¿qué saben los adultos? Se creen que aún somos unos niños y que no tienen que darnos ninguna explicación cuando quieren que hagamos algo.

Y eso no es así.

Nuestra forma de hablar, de comportarnos, de comunicarnos con el mundo es la vía de escape, muchas veces, a los problemas que pueden parecer estúpidos a ojos de los demás, pero que son realmente importantes para nosotros.

Los libros que nos gusta leer hablan de esos mismos problemas, de otros muy diferentes o de la falta de ellos.

Pero, ¿qué buscamos en ellos?, se preguntará alguno.

Depende. A veces busco refugio; a veces, ejemplo; a veces, emociones fuertes… hay para todos los gustos.
Refugio, porque necesito desaparecer del mundo por un tiempo, necesito irme a un lugar muy lejano que no conoce tiempo ni espacio, que se mueva entre mundos diferentes y ver lo que les ocurre a otras personas, olvidar los problemas que tengo, saber que, a pesar de todo, no estás solo.

Ejemplo, porque no sólo en la vida real la gente puede enseñarte a hacer cosas. La valentía de tu héroe de ficción puede contagiarse con facilidad, la templanza y el aguante de los que aparecen sometidos contra la maldad de sus dueños, la fortaleza de alguien que lucha por lo que quiere contra viento y marea…

Emociones fuertes por que el protagonista aventurero descubra el misterio mientras tú, que te han mandado tus padres apagar la luz, lees bajo la manta, con una linterna, porque no puedes aguantar a descubrir el secreto al día siguiente.

Los libros de Laura Gallego están llenos de ficción, de aventuras, de ese revoloteo en el estómago cuando se nos acerca el chico o la chica que nos gusta. ¿Cómo reaccionará un fraile que descubre que se acaba el mundo? ¿Qué podrá hacer un ángel traicionado por su mejor amiga? ¿Y una asesina a sueldo en un mundo donde las ciudades están rodeadas por desierto y la naturaleza significa “salvaje”? ¿Cómo encontrar a un dragón y a un unicornio perdidos en la Tierra?

Finis Mundi, Alas de fuego, Las hijas de Tara o Memorias de Idhún son algunos de los títulos en que podemos descubrir nuevos mundos de manos de esta joven escritora.

Leer un libro no es sólo pasar la vista sobre un montón de palabras que quieren decirnos algo, sino aprender a soñar con la imaginación e intentar construir un mundo que nos ayude a comprender aquel en el que realmente vivimos.

Lidia Campo Almorox

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