Mestre y Llera



Foto original de RobésLa tumba de Keats, de Juan Carlos Mestre, es uno de los libros más plenos de los últimos veinte años. Fue escrito durante la estancia de Mestre (1997-8) como becario de la Academia de España en Roma, la ciudad que vio morir al joven poeta romántico John Keats (1795-1821).

La tumba del cementerio protestante de Roma, donde está enterrado el poeta, contiene el epitafio que Keats pidió: “Here lies one whose name was writ in water” (“Aquí yace alguien cuyo nombre fue escrito en el agua”). Despreciado en su época, maltratado por la crítica, derribado por la tuberculosis, Keats es hoy considerado uno de los autores imprescindibles del Romanticismo europeo.

Hemos invitado al filólogo y poeta José Antonio Llera a escribir unas líneas como homenaje a nuestro admirado libro de Mestre. De la chispa de la conjunción Mestre-Llera ha nacido el poema en prosa de Llera que publicamos aquí en el que se cruzan dos ilustres K: Kafka y Keats.



LA TUMBA DE KEATS [FRAGMENTO]


Todo el tiempo que viví, toda la geografía de desavenencias, hierros, fechas,
todo el tiempo está aquí en el atardecer de este pájaro pintado por la mano del Giotto.
Soy el individuo, el adicto a la melancolía al cerrar una puerta,
el que se contradice y vacila, el que oye la aurora con voz de mujer que despierta,
me parezco al paraguas que llevan los revendedores en las regiones húmedas,
me parezco a la bruma que le brota de los ojos a las muchachas que han nacido en el campo,
he dormido con la brevísima en el domicilio de la brevedad,
he escrito mi nombre en la arena, la marea ha subido, ha llegado el agua,
ahora puedo contemplarme en lo desaparecido hasta embellecer lo exhausto,
ahora igual que un aullido mi conciencia se debilita a lo lejos como luces de una bahía,
soy el individuo.

Juan Carlos Mestre, La tumba de Keats. Madrid: Hiperión, 1999.
(Hay una nueva edición en Hiperión en 2007 y otra de lujo en Lunwerg 2004,
con fotografías de Robés como la que incluimos aquí por cortesía del autor).

 



* * *


FRANZ KAFKA VISITA LA CASA DE JOHN KEATS EN ROMA

Para Juan Carlos Mestre


En Roma o en Praga, Keats y Kafka manchan de sangre los pañuelos cuando tosen, abren todas las ventanas, queman alegres los sudarios. Han decidido regalar sus medicinas a los insomnes de los calabozos, a los relojeros que perdieron el pulso en las guerras.

¿Ha llegado ya la carta que esperabas, Franz?

Keats escribe a su hermana en sílabas de hueso que cuenta con los dedos. Kafka calla y escucha, sin levantar la vista, arrugando entre sus manos la tinta de Milena. Los transeúntes ocultan grandes alijos de estreptomicina dentro de los vagones, mientras Keats lee a Homero por la noche, pensando en túneles y en el misterio perpetuo de las larvas. Conviene siempre regresar al cansancio de las cocheras vacías y de la fruta, adelgazar deprisa.

He limpiado los tapices, he mandado barnizar todos los muebles de la casa. Hoy iremos a remar, John.

(Inédito)

 

José Antonio Llera

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