Lágrimas de Luna

Paloma Sánchez

 

Dibujo de Paloma Sánchez“Dime que no desaparecerás, que siempre estarás a mi lado…”, le dijo la Luna al Sol. Pero el Sol se fue… Ella, desconsolada, no paró de llorar y rogar que él volviera, pero no volvió.

Cada noche en lo alto del cielo le buscaba sin parar, no dejaba de pensar en los últimos días con él y en lo feliz que pudo ser.

Muchos fueron los que intentaron enamorarla. Con canciones, relatos, poesías… Pero ella sabía perfectamente quién era el dueño de su amor y aunque no estuviera a su lado, ella seguiría esperando.

Las estrellas siempre la intentaban convencer de que el Sol no volvería, que se había marchado para siempre, pero ella se negaba a escuchar.

* * *

Un día el Sol volvió. “¿Eres real?”, dijo ella con lágrimas en los ojos y él, sin mediar palabra, le tocó la cara con suavidad, esbozó una leve sonrisa de cariño y la estrechó entre sus brazos.

Todo se quedó oscuro. Entonces la Luna se despertó. Sólo había sido un sueño, un sueño tan real… “Amor, todavía no es tarde, yo nunca te olvidaré”, dijo ella mirando a la profundidad del cielo.

“Desiste, pequeña Luna, debes asumir que él no volverá. El amor que aguardas ya no existe, no te pertenece. El sol ya no te espera, sigue viviendo sin ti. Mientras tú te consumes entre cada lágrima, entre cada suspiro y cada noche oscura, él ya te ha olvidado. Eres un recuerdo vago en su memoria, eres algo intangible, ya no eres nada para él”, le dijo una pequeña estrella fugaz que pasaba por ahí. “Yo te puedo mostrar dónde está él y mostrarte cómo mis palabras son reales”. La Luna, asustada pero a la vez segura de sus sentimientos, cogió la mano a la estrella y esta la guió hasta donde estaba el Sol.

Entonces lo vio. Vivo, reluciente, tan alegre como la última vez, admirado con todo lo de su alrededor. Entonces la Luna lo comprendió. Sus ojos se llenaron de lágrimas.

“¿De verdad me ha olvidado?”, pensó Luna. Una sensación de ahogo la inundó, sintió como si le arrancaran el corazón del pecho, como si la hubieran matado.

Al verla así, la estrella fugaz la estrechó entre sus brazos fuertemente y ella lloró sin parar en su pecho. “No llores, Luna mía, yo te guiaré e iluminaré tu corazón de nuevo”. Ella negó con la cabeza y se dejó caer al suelo.

“No, no puedo amar a nadie más que a él. Sí, soy un ser intangible, invisible, ya no soy nada ya para él, lo sé pero… para mí era todo. Por fin comprendo que no volverá, pero yo en lo alto del cielo cada noche le seguiré esperando, no sé ya por qué motivo, pero ahí estaré”.

Dicen que la Luna volvió a la oscuridad, con el corazón partido, mientras el Sol siguió brillando en lo alto del cielo sin saber que la Luna había ido a visitarle. Pero lo que no sabía la Luna era que el Sol la amaba y que si se fue era para no hacerle daño, porque él mismo sabía que el amor que sentían mutuamente era muy frágil y no podrían mantenerlo.

* * *

También dicen que los días de eclipse, el Sol vuelve a ver a la Luna y su amor vuelve a ser uno… por un momento.

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